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| (publicado hoy 21 dic 2007 en el periódico El Nuevo Día) Historia de la estrellita que supo esperar Este cuento fue publicado en la Navidad del 1992. Volvemos a publicarlo a petición de los lectores.
POR JOSÉ A. ALICEA DÍAZ Especial El Nuevo Día | Hace muchos años que Dios creó los cielos y la tierra. En el primer día de la creación Dios dijo: "Sea la luz" y colocó todas las estrellas en los cielos, todas menos una.
A la estrellita le dolió mucho y comenzó a llorar porque Dios no le había dado la oportunidad de brillar como a las otras y comenzó a quejarse delante del Creador. Dios le respondió: "Todavía no estás lista; debes crecer más antes de que yo pueda usarte".
Pasaron muchos años. Y entonces, allá abajo en la Tierra se veía una caravana de israelitas, el pueblo escogido de Dios, que huía de la esclavitud de Egipto.
Su jefe era un hombre llamado Moisés, quien guió al pueblo hacia la tierra de Canaan.
Dios estaba muy contento. "Necesito tres millones de estrellas para formar una columna de fuego y guiar a mis hijos a la tierra prometida. ¿Quienes quieren formar parte?? La estrella pensó: "Ésta es mi oportunidad" y se presentó como voluntaria. Pero Dios movió su cabeza y dijo: "Todavía no, estrellita; tienes que brillar aún más fuerte antes de que yo pueda usarte".
Pasaron otra vez muchos años. Mientras tanto, la estrellita crecía y brillaba cada vez más fuertemente. Y se preguntaba: "¿Cuándo llegará mi oportunidad?" Durante las noches, cuando las nubes ocultaban a las estrellas, nuestra estrellita trataba de salir para iluminar el sendero de los viajeros que no encontraban el camino de su hogar. Pero Dios siempre la detenía: "Todavía no puedo usarte estrellita; ten paciencia, que algún día llegará tu oportunidad".
"Todo lo que me estoy perdiendo", se quejaba la estrellita, mientras observaba cómo las estrellas mayores vigilaban a David cuando dormía en el campo con sus ovejas. "Cómo me gustaría inspirar a los poetas para que escribieran hermosos salmos". Mientras tanto, los siglos seguían su curso, y la estrellita iba acumulando luz y fuerzas...
Y un día, el día tan deseado, Dios la llamó a grandes voces: "Estrellita, ha llegado tu hora; ya puedo usarte". Ella empezó a titilar de gozo. Dios la tomó en su mano, la colocó en los cielos, y le dijo: "Ahora, brilla". Y ella brilló con su mejor luz, tan contenta de ser útil.
Mientras la estrellita brillaba, observó que allá abajo, sobre la superficie de la Tierra se movían, tres hombres, tres magos, que miraban hacia ella y se mostraban muy regocijados como si en su luz estuviese la respuesta a un grave problema. Y la estrellita sintió como si la mano de Dios la moviera hacia algún lugar determinado. Y los tres hombres la seguían dondequiera que ella iba...
Después de mucho vagar por los cielos, la estrellita notó que su impulso la llevaba hacia un pueblecito en la lejanía. Mientras más se acercaba, más fuerte era su brillo. Y tan pronto llegó a las afueras del poblado, una explosión de luz cubrió los cielos y la estrellita brilló como ninguna estrella ha brillado jamás en el mundo...
De pronto, se detuvo sobre un establo. Los tres hombres, bajándose de sus camellos, entraron apresuradamente. ¿Qué buscan estos hombres?, se preguntaba la estrellita. Precisamente en ese instante oyó la voz de Dios que decía: "Éste es mi hijo amado, en el cual me complazco".
Y entonces vino sobre ella un sentimiento inefable de paz. Sabía que muy pronto Dios la llamaría otra vez y que dejaría de brillar, pero entendió que había sido reservada para la más importante tarea que estrella alguna jamás realizó: la de señalar con su luz a la "Lu z " que es la vida de los hombres.
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